Decenas de filipinos crucificados en Viernes Santo

Rubén Enaje, un pintor de carteles de 50 años, aulló de dolor cuando aldeanos disfrazados de soldados romanos atravesaron sus palmas con clavos de acero inoxidable de 10 centímetros de largo y lo alzaron en una cruz bajo un sol implacable durante varios minutos.
Foto: AP

Por lo menos 24 filipinos se hicieron clavar a cruces para representar hoy la crucifixión de Jesucristo en un rito local del Viernes Santo que la jerarquía eclesiástica rechaza, pero al que asisten multitudes de devotos y turistas.

Rubén Enaje, un pintor de carteles de 50 años, aulló de dolor cuando aldeanos disfrazados de soldados romanos atravesaron sus palmas con clavos de acero inoxidable de 10 centímetros de largo y lo alzaron en una cruz bajo un sol implacable durante varios minutos.

Otros 23 filipinos fueron crucificados en la provincia arrocera de Pampanga, a la vista de miles de personas.

Fue la crucifixión número 25 de Enaje, quien dice que repite esta tortura todos los años desde que resultó ileso al caer de un edificio de tres pisos en 1985. Además de agradecer a Dios, Enaje pide carteles para pintar. “Ni un hueso se me rompió cuando caí de ese edificio”, dijo Enaje a la agencia AP. “Fue un milagro. Ahora pido buena salud y más clientes”, agregó.

Antes de las crucifixiones, multitudes de penitentes recorrieron kilómetros de calles mientras se azotaban las espaldas descubiertas con varas de bambú o madera, hasta el punto de salpicar con sangre a los espectadores. Algunos participantes cortaban las espaldas de los penitentes con vidrio para asegurar que hubiese suficiente sangre.

El sangriento espectáculo refleja el peculiar catolicismo de los filipinos, fusión de tradiciones eclesiásticas y folclóricas. Muchos penitentes, en su mayoría gente pobre, realizan estos rituales dolorosos para expiar sus pecados, rogar por los enfermos o por una vida mejor, y para agradecer milagros que atribuyen a Dios.
Peru21