Cuando un Beatle tocó en el Perú.

Toda la expectativa que generó la presencia de Paul McCartney en nuestra capital, los cientos fans en el aeropuerto, la guardia afuera del hotel, los campamentos en el estadio, la vigilia de la prensa y los mitos urbanos que provocó –desde su confirmado viaje en bicicleta por Miraflores hasta su paseo por la avenida La Marina abrazando transeúntes– se justificaron con el concierto que ofreció el 9 de mayo del 2011 en Lima. ¿Calificativo?, de legendario para arriba.

Las luces apuntaron al escenario a las 9:34 P.M. para entregarle su brillo a la estrella de la noche: Sir Paul McCartney. El cantante británico no pudo salir a las 9 en punto como estaba planeado y cumplir con la famosa ‘hora inglesa’, pues el ministro Antonio Brack y la Orden de la Quina lo retuvieron en el camerino.

Sin mediar palabras, Paul McCartney abrió la velada con ‘Hello goodbye’ acompañado por el bajo Hofner que él mismo convirtió en un artículo de colección desde su época con The Beatles. ‘Jet’ disparó aún más la euforia colectiva que se vivía el estadio Monumental de Ate.

“Hola Perú, por fin estoy aquí” fue lo primero que dijo ante las más de 40 mil personas que veían como se materializaba un sueño. Cientos de pancartas con el rostro de Paul se elevaron, lo que fue agradecido por ‘Macca’ con un aplauso y la frase en español “¿cómo están peruanos? Estoy muy contento de estar aquí”.

El músico británico mezcló magistralmente temas de su época de The Beatles, The Wings y de solista, de tal forma que nada quedó fuera. ‘All my loving’, ‘Letting go’, ‘Drive my car’ y ‘Highway’ precedieron a una de las postales de la noche. Paul, que hasta ese momento vestía un saco celeste, camisa y pantalones negros con tirantes, se quitó el abrigo y exclamó “viva el Perú carajo”. Y la euforia alcanzó niveles incontrolables.

El autor de la canción más famosa de la historia –según la revista Rolling Stone– demostró su gran versatilidad en los instrumentos. Pasó del bajo a la guitarra eléctrica para el mash up de ‘Let it roll it’ y ‘Foxy lady’, y luego al piano para temas como ‘The long and the winding road’ o ‘Nineteen hundred’. Hasta tomó la mandolina para ‘Dance tonight’.

Cada una de las más de treinta canciones del setlist fue un capítulo particular, pero sin dudas los picos del idilio entre el ex Beatles y el público peruano se vivieron durante ‘Blackbird’, acompañado solo por guitarra acústica, ‘Here today’, dedicada a John Lennon, ‘Something’, la cual anunció “en memoria de mi amigo George”, ‘Paperback writer’, que provocó un ‘olé, olé, olé olé, Paul, Paul’ acompasado de la guitarra del mismo McCartney, y ‘Live and let die’ que literalmente iluminó el cielo con fuegos artificiales.

Punto y aparte para ‘Yesterday’ –hito musical al que hicimos referencia antes– y ‘Hey Jude’. Ambos fueron cantados al unísono por todo el estadio y fueron acompañados por luz de celulares, en el primer caso, y por globos rojos y blancos, en el segundo.

Inolvidable Paul McCartney corriendo con un asta con la bandera peruana por toda la tarima y los fanáticos, quienes recordaron que estamos en campaña electoral, gritando “Paul presidente”. Ya lo dijimos, cada tema fue un capítulo particular, y cada uno valora cada recuerdo del concierto desde el soundtrack de su propia vida. Las páginas y palabras no alcanzan para contar esta historia.

“Este es el momento de decir adiós”, dijo el músico de 68 años, quien cerró la velada con ‘Sgt. Pepper’s lonely hearts’ y ‘The end’. Fue un sueño de más de dos horas casi ininterrumpidas, donde Paul McCartney demostró que el tiempo no ha menguado ni su voz ni su talento ni sus ganas de bailar y que dejó un “continuará” en el tintero.

12:07 A.M. “Adiós Perú, los veo la próxima vez” se dirigió al Monumental por última vez y se perdió a toda velocidad entre la lluvia de papel que dio color al final de la noche.