Lima es el Perú profundo

Lima es el Perú reunido. Lima es un Perú chiquito. Desde hace más de tres décadas Lima es el Perú profundo. Lima es hoy serrana, amazónica, costeña de sus diferentes regiones.

LimaPor Oswaldo Carpio Villegas

Lima es el Perú reunido. Lima es un Perú chiquito. Desde hace más de tres décadas Lima es el Perú profundo. Lima es hoy serrana, amazónica, costeña de sus diferentes regiones. Lima es el gran espacio del mestizaje, convivencia y fusión de todas las expresiones étnicas y culturales que forman el Perú. Lima ha acogido a todos. La mayoría, se siente agradecida -pese a todo- a esta Lima que se acerca a los cinco siglos de fundación hispana.

Los vecinos de San Juan de Lurigancho, Ate, Carabayllo, Villa María del Triunfo, Puente Piedra, Los Olivos, Comas, El Cercado de Lima, Barrios Altos, La Victoria, etc. están habitados por provincianos e hijos de provincianos. La migración interna y la gran revolución demográfica cambiaron para siempre el rostro y el alma de Lima que es hoy la gran metrópoli de los provincianos.

La migración empieza con ímpetu a partir de los años 30 y se acrecienta -sin detenerse- desde los años 40 en adelante con picos altos en los años 80 y 90; migración intensa que es acicateada por la apocalíptica crisis económica de los 80, y la criminal guerra desatada por el terrorismo. Tres millones de peruanos se van del país sin retorno y millones de provincianos toman la decisión de llegar a Lima. San Juan de Lurigancho, Ate, Los Olivos, Comas, Villa María del Triunfo son los lugares mayoritariamente escogidos.

Los que viven en Lima son hijos o nietos de provincianos. Los limeños originarios son una minoría. La migración reduce a su mínima expresión a los antiguos limeños que, sin embargo, se mantienen activos dominando y hegemonizando, aún, los ámbitos de la vida cultural, social y política de la ciudad.

Lima es el Perú profundo. Es un tercio de la población del Perú. Los valores, las costumbres han cambiado. Para un antiguo limeño “cholo” era el indio o mestizo que trabajaba para el patrón. Hoy el paradigma dominante es el trabajo, el esfuerzo, el carácter emprendedor. La laboriosidad es un valor positivo y ha tenido un impacto extraordinario: inmensos desiertos han sido transformados con esfuerzo tenaz en barrios y distritos emblemáticos: Comas, Independencia, Los Olivos, SJL son ejemplo de trabajo, inversión, nueva riqueza, nuevo limeño.

El nuevo limeño construye, simultáneamente, el barrio, el distrito y la vivienda que es taller, fábrica, negocio, bodeguita, restaurante, etc. Si el antiguo limeño despreciaba el trabajo, el nuevo limeño es emprendedor, trabajador, laborioso. Las mujeres del nuevo mundo popular, se autodefinen “luchonas” y las de origen afro, buscan su “cholo”, su “serrano” porque, afirman, son trabajadores. Pero, además, en un medio en el que sobrevive el racismo, aclararán la tez de la descendencia, porque peso a todos los cambios en el mundo, ser negro en Lima -salvo que seas futbolista, artista o cantante famoso- es formar parte, aún, del color “modesto”. Sobrevive, el rígido sistema de castas impuesto en el virreinato, tara que impide la consolidación de la democracia, la libertad y la igualdad; además que frena la creación de una clase dirigente mestiza. Un Obama en el Perú es todavía imposible.

El castellano de Lima es el del Perú profundo. Se habla y escribe un castellano con fuerte influencia gramatical y fonética quechua, diferente al lenguaje y el habla de los años 30, 50 y 60 de estilo cadencioso, cantarín, gracioso, pícaro y de buena dicción, que en los años 70-80 se volvió huachafo. Hoy en singulares sectores altos se habla un castellano de fonética ridícula que se esfuerza por diferenciarse del habla mayoritaria. Mal-hablan como niños ridículos y engreídos. Como en toda gran ciudad no hay un solo castellano. En San Juan de Lurigancho, Comas, Villa El Salvador, Ate, El Agustino, Barranco, La Victoria, Miraflores y otros barrios se habla con acentos y estilos diferenciados. Así sucede en grandes ciudades como Sao Paulo, Río de Janeiro, Buenos Aires, México, Los Ángeles, Madrid, Nueva York entre otras. El lenguaje del nuevo limeño es hoy directo, tosco, agresivo, achorado, poco elegante y nada sutil. La influencia de México y Colombia desplazó definitivamente la influencia de Buenos Aires en el habla limeña dominante hasta los años 60.

Lima, la “blanca”, la virreinal y republicana se extingue inexorablemente. Predomina la pigmentación marrón, el beige en sus diferentes matices, pasando por diferentes tipos de bronce hasta el amarillo asiático. Si José Carlos Mariátegui escribe a fines de los años 20 del siglo pasado un ensayo sobre “el problema del indio”, hoy escribiría sobre “el problema del blanco”. Minoría cada vez más exigua que sin embargo se mantiene hegemónica en la publicidad, en la televisión, en las páginas “sociales” y en la política. En el mundo heredado del sistema de castas el “blanqueamiento” es una forma de buscar el éxito y el “rubio” es el ideal. El ideal del indio y del cholo es tener su “gringa”. En la nueva Lima, los mestizos, los “blancones” –palabra del mundo popular- los cuasi “blancos”, sobreviven en los entresijos de una sociedad dinámica que ya es mestiza y que acentuará esa característica en los próximos años

Lima milenaria, virreinal y republica debería tener una arquitectura mestiza, fusionada, vivaz. Pero no ha sido así. Lo que predomina es una mescolanza arquitectónica, unos híbridos, esperpénticos, carentes de armonía. Las viviendas son cubos sin gracia ni calidad formal. La autoconstrucción y los “maestros de obra” desplazaron a los arquitectos. El viejo trazo urbano de Lima creado por los fundadores hispanos se mantiene pero las antiguas y elegantes casonas son derribadas sin compasión para construir edificios prácticos, feos, patéticos. Lima ha perdido su antiguo esplendor, elegancia, plasticidad. El Centro Histórico de Lima y buena parte de El Cercado es bello pero en cruel abandono. Barranco ha logrado proteger sus bellas casona y palacetes, sus calles de barrio acogedor pero tiene que luchar para no sucumbir como Miraflores que es hoy una caricatura por la destrucción de su bellas casonas reemplazadas por edificios de mal gusto. Se impuso la ambición, la ignorancia, la coima y la falta de compromiso con la historia.

El crecimiento no ha sido consecuencia de un plan urbano. El colapso económico, el terrorismo y el desborde demográfico fueron los demiurgos. Los arquitectos-urbanistas han expresado públicamente su derrota. Pese a todo, se mantiene en algunos lugares una identidad en un entorno empobrecido que tiende a extinguirse por la ausencia de políticas nacionales que rescaten, amen y proyecten lo milenario, virreinal y republicano. El crecimiento económico de Lima ha traído nuevas construcciones que, curiosamente, no incorporan la historia y la cultura limeña como sí ha sucedió en Shangai y otras ciudades de China en las que se contrata a los mejores arquitectos del mundo para que construyan una nueva China que una tradición y modernidad.

La música limeña es la cumbia en sus diversas formas; la chicha en sus variantes y el huayno que, igualmente, se ha diversificado y ha desplazado al vals, a la marinera limeña, la polka, la música afro-peruana, la salsa y al rock. Lima es cumbia andina. Pero, también, Lima es el espacio del teatro, la danza, el cine y las artes en general. Hay cientos de puntos de cultura que hay que consolidar y proyectar. Artes escénicas y visuales que avanzan contra viento y marea, expresando a todas las etnias, pueblos, historias y culturas del país.

El fútbol limeño ha perdido identidad y hoy es una caricatura del que se jugara hasta los años 70. El “achoramiento” de la ciudad abrió pasó a la “garra” que desplaza al fútbol de calidad técnica. Se incorpora en el conglomerado urbano la violencia y el achoramiento de los que luchan por sobrevivir. El migrante de la sierra ha impregnado su espíritu de lucha pero no el alma sutil, gozadora del afro-peruano y del criollo-popular que jugaba con elegancia, picardía y alegría, influido por la marinera limeña y el vals, y también por los ritmos afro-peruanos hoy subordinados a las distintas formas de cumbia y huayno que cantan al trabajo, al desarraigo, al amor trágico y a la lucha por sobrevivir y abrirse un espacio en la ciudad.

Lima, el Perú profundo verdadero es una mezcla-fusión de cultura viva, intensa, renovándose perpetuamente, resultado de la compleja convivencia de casi 9 millones de nuevos limeños. Lima, si logra afianzar sus valores democráticos, el respeto a las leyes, el apego al orden, la limpieza y derrota a la inseguridad, con una visión estratégica podrá ser la gran ciudad que todos soñamos porque hoy están todos pero sin liderazgo ni visión. Hay que construirlos para que Lima vuelva ser la ciudad más destacada del Pacífico Sur de América.